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Ponle pasión a la historia que cuentes. «1984» Macintosh

8 noviembre, 2010

Todas las narraciones potentes tienen pasión, la energía que te hace querer, incluso necesitar, contarlas. Es la chispa esencial, el núcleo de donde salen las historias.

En la publicidad debemos estar contando historias contínuamente. En un primer momento vender nuestra idea y convencer de que será buena y efectiva, y después debemos contar una historia a nuestro target destinado. Porque las historias envuelven, emocionan y gustan. Antes de seguir vamos a entender una historia como: «Es un hecho envuelto en una emoción que nos impulsa a tomar una iniciativa que transforme nuestro mundo».

Cuanto más corta sea la historia, más poderosa debe ser la pasión. Un perfecto ejemplo de una historia con verdadera pasión y bien contada es el famoso anuncio de 1984 que presentó al mundo el ordenador Macintosh. Duró sólo sesenta segundos. Se emitió sólo una vez en la TV a nivel nacional, al comienzo del tercer cuarto de la Super Bowl de 1984. Estuvo a punto de no salir siquiera. La gente aun habla de él.

En ese momento la industria de la informática se encontraba en transición y Apple Computer tenía enormes problemas. Apple había sido una de las principales empresas del mercado cuando todavía se veía a los ordenadores como juguetes caros para gente con tiempo libre. Pero cuando las grandes empresas comenzaron a avanzar seriamente hacia la tecnología digital, de manera natural se dirigieron a un nombre en el que habían llegado a confiar: IBM. Los PC’s de IBM se convirtieron en el punto de referencia de la industria, con toda la potencia en compras y publicidad que eso suponía.

Como respuesta, el consejero delegado de Apple, Steve Jobs, propuso el Macintosh, un ordenador que redefenía el paradigma. Era fácil de usar, creativo, no empresarial. Era revolucionario, pero a menos que el público lo descubriese pronto, Apple acabaría enterrada bajo una avanlancha de ventas de IBM. Apple necesitaba un montón de luz y calor, y lo necesitaba urgentemente. El anunció de «1984» cumplió los requisitos.

El resultado fue explosivo. Siete días después no quedaba un Macintosh sin vender. Se había creado toda una nueva aérea de producto. Había nacido el mito de que un único anuncio durante la Super Bowl podía convertir una empresa en un éxito o fracaso.

Hay muchas razones por las que este spot triunfó. Estaba escrito por el legendario publicista Lee Clow en el punto más algido de su carrera y rodado por el director de un Oscar: Ridley Scott. Con gran inteligencia, la historia se apoyaba sobre un mito preexistente y culturalmente aceptado, la novela de Geroge Orwell 1984, absorbiendo la energía de esa novela y haciéndola suya. Pero en su núcleo cohesivo, lo que hizo que este anuncio arrasara fue la apasionada creencia de Steve Jobs de que un ordenador estaba destinado a ser un intrumento para liberar a la gente. La verdadera pasión, correctamente enfocada, hace a una historia -o un producto- imposible de ignorar.

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